sábado, 17 de junio de 2023

Cápsulas del tiempo (Napa Valley-Yosemite NP)

Abandonábamos San Francisco con la esperanza de beber buen vino en la famosa “Napa Valley”. Esta región es mundialmente conocida porque en 1973 se celebró una cata a ciegas conocida como “El juicio de Paris”. En esta cata, había vinos franceses de renombre y vinos californianos. Como podréis imaginar los americanos consiguieron batir a los franceses ante el asombro de toda la prensa. Desde entonces, el vino made in USA, se hizo un hueco a nivel internacional y los precios fueron subiendo hasta llegar hasta puntos desorbitados en más de una bodega.

 

Aunque los vinos están muy buenos, la región no nos gustó tanto como Santa Rita Hills; las catas son muy caras, todo es muy turístico y es poco cercano. Visitamos primero Beringer, recorriendo la sala de barricas antigua con su consiguiente cata. Después fuimos a la boutique del downtown de Mayacamas, que es mucho más asequible que los intocables precios de una visita y degustación en la bodega. Aquí tuvimos la suerte de disfrutar de un 2012 completamente joven y es que los vinos bien hechos son cápsulas del tiempo, esperando a ser descorchadas. Acabamos la tarde catando en Beaulieu Vineyards.

Presiona pausa y paremos el tiempo. Los que ya me conocen, saben que podría dedicar muchas líneas al mundo del vino y empezar a describir los aromas, las sensaciones de cada uno de los sitios nombrados anteriormente. Sin embargo, hay otro valle que merece la pena hoy admirar con mucho más detenimiento: Yosemite Valley. Quizás todavía queda algún escéptico, por lo que haré un esfuerzo porque tengáis una imagen mental. Rebobinemos un día y démosle al Play. Estamos recorriendo una carretera montañosa llena de curvas y nos toca cruzar un túnel, así que encendemos las luces del Dodge y seguimos recorriendo su oscuridad conquistada por nuestros faros. Cuando los rayos del sol nos tocan la cara de nuevo, se nos corta la respiración: se abre ante nosotros un amplio valle, gobernado por paredes altas desnudas de vegetación. 

Recorre el valle un río bravo, furioso y completamente lleno, por toda el agua que ha recibido este año con las lluvias, que parece que han marcado récord en California. En el medio del valle, sin embargo, el río se calma posando para una foto idílica y parece que descansa plácido para volver a enfurecer más allá una vez dejan de mirarle. Cierran la imagen inicial diferentes cataratas que se ven a lo lejos; algunas tímidas, otras demostrando su valía y escupiendo chorros de agua que se alejan de la pared.

Imagino que ahora que lo has podido ver, queda justificado el poco espacio dedicado a Napa Valley.

Vamos a tener tres días para recorrer el parque. No lo he dicho aún pero este valle del noreste de California es también un Parque Nacional. Nos quedaremos a dormir algo apartados, en un camping muy bucólico, en lo alto de una colina de hierba dorada que al atardecer se incendia con las caricias del sol.

Ahora que todas las presentaciones están hechas, no perdamos el tiempo y vayámonos de ruta. Para no cansaros, el primer día haremos dos excursiones pequeñas; visitaremos las “Lower Falls” y el “Mirror Lake”. 

En la primera, un acceso muy sencillo, te planta en la parte baja de la catarata. A los ríos de personas que se acercan cámara en mano, se les refresca la vista a ráfagas de agua expulsada. En la segunda excursión hay menos gente y es algo más larga, pero las vistas desde el lago son algo decepcionantes. Descansad que mañana seguimos.

No olvidéis el agua y haceros a la idea de que vamos a acumular mucho desnivel y a caminar durante un tiempo largo ¡Vamos allá!

La primera gran caminata que recorremos es la “Four Mile Trail”. Durante casi 5 millas (8 kilómetros), subiremos paso a paso ganando 975 metros de desnivel. Por el sendero, la vegetación se abre para poder disfrutar de unas maravillosas vistas que parecen secar el sudor. 

Llegamos al mirador del Glacier Point unas dos horas después. Estas vistas sí quitan el aliento. La magnitud y belleza del valle empequeñecen a cualquiera y le ponen en la boca un mantra de gratitud por poder regalar a los ojos una imagen tan perfecta. 

Como una estrella del Rock, se alza por delante de nosotros el “Gran Dome”, la montaña que inspiró a la marca de “North Face”. Vamos a almorzar en silencio admirando el paisaje antes de seguir subiendo un poco más. El objetivo es coronar el “Sentinel” de 2145 metros de altitud. 

En la cima, vemos como las nubes se derriten en la nieve y se puede gozar de 360 grados de panorámica. Espero que hayáis disfrutado de las vistas, ahora queda bajar hasta 1219 metros. Cada uno que baje a su ritmo. Nos vemos mañana.

La caminata de hoy se llama “Mist Trail”, y en ella se visitan dos cascadas: “Vernal Fall” y “Nevada Fall” el desnivel no es tan grande como ayer pero es todo subida hasta arriba de la cascada. Comenzamos pronto para evitar las cantidades ingentes de personas, ya que este es el hike más popular del parque. Espero que llevéis el chubasquero puesto, porque llegar a la parte alta de Vernal Fall es como meterse en la ducha con ropa. El agua que sale disparada en la caída convierte el camino en un túnel de lavado humano. A pesar del frío que hace, es toda una experiencia el recibir las olas de viento y agua en la cara mientras se lucha por avanzar.

Desde lo alto de Vernal Fall, queda la parte más dura a nivel físico. El camino se introduce en un bosque que parece encantado, gracias a la magia del sol escondiéndose tras los árboles con los brazos alargados en varias direcciones y penetrando el bosque en un intento de enraizarse. Junto con este efecto, las gotas de agua expulsadas por la catarata, se concierten en polvo dorado, que hechizadas, descienden muy lentamente y parecen parar el tiempo por momentos.

Las vistas de la catarata Nevada tanto durante el camino, como en lo alto, sobrecogen. La violencia de las aguas demuestra el poder de la naturaleza en crudo.

Después de toda la subida y casi dos horas, queda una última prueba antes de coronar lo más alto de las “Nevada Falls”: tenemos que atravesar un riachuelo de agua helada y la mejor manera es descalzarse. Miles de agujas imaginarias se nos clavaban, mientras avanzamos por el agua con cara de dolor. Al llegar al otro lado, sentimos que nuestros pies han sido separados de nuestro cuerpo o anestesiados hasta ser inhabilitados. Sin embargo, todo vale la pena al ver las Nevada Falls a vista de pájaro, con el sol calentándonos la cara mientras almorzamos una vez más, en silencio. La ruta no acaba aquí, queda dar media vuelta y tomar un nuevo camino que lleva a nuevas panorámicas. Desde luego Yosemite tiene la capacidad de humillar a cualquiera que se crea muy importante. Con sus altas montañas y acantilados grises, de formaciones rocosas de lo más irregular y aleatorio, sus innumerables cascadas y la salvaje fuerza de sus aguas; pudimos embotellar paisajes para guardarlos en la bodega de nuestros recuerdos y poder descorchar en otro momento, una cápsula del tiempo.

miércoles, 14 de junio de 2023

Ella es... (San Francisco)

Una niebla avanza lenta por la bahía. Poco a poco se va apoderando de todo lo que encuentra a su paso, llevándolo al mundo de las tinieblas y humedeciéndolo todo. Como cada mañana, la niebla también invisibiliza el Golden Gate, Alcatraz y otros edificios. Como un truco de ilusionismo, las diferentes caras de la urbe desaparecen al ojo humano.

Pero no os dejéis engañar; la niebla, no es más que otra de las mil caras de esta fantástica ciudad. La gente conoce el fenómeno de la niebla como “June gloom” pero al igual que llega, suele desaparecer, cuando el sol domina el firmamento.

Conocimos a San Francisco una tarde de junio y estuvimos con ella durante 3 días. Yo ya la conocí unos cuantos años atrás. Pero el tiempo pasa por todos; también por las grandes ciudades. Durante los días que la rondamos, fuimos entendiendo poco a poco sus múltiples personalidades.

Ella tiene genio y carácter, se entrevé en la isla de Alcatraz, conocida por su prisión de máxima seguridad. La isla sólo tuvo esta función durante 29 años, pero la fama que se fraguó forma parte del imaginario, de películas sobre grandes fugas, y de grandes historias que viajan de boca en boca para hacerse eternas. 

La isla también fue clave en el movimiento de protesta de los nativos americanos y deja espacio, además, para la reflexión del sistema carcelario, preguntándose si sería más rentable intentar rehabilitar a las personas, en lugar de enfocarse únicamente en el lado punitivo.

A ella le gusta la naturaleza. En el Pier 29, vimos como permitía a los leones marinos hacerse suyo el muelle, sin pagar más alquiler, que el soportar ser el centro de atención de los turistas que merodean el lugar.

No dejemos el mar todavía, sigamos navegando, y dirijámonos al Norte. El faro de Point Reyes se esfuerza por evitar el naufragio de los que se aventuran a surcar cerca de sus aguas. 

Mirar hacia el océano infinito con este en calma a pesar del cielo gris, acaricia el alma y despierta la imaginación; pero lo mejor es que al girar la mirada a la costa, ésta parece intentar imitar la magnitud del océano que la acaricia y se extiende por kilómetros perdiéndose a la vista.

Ella también tiene su lado oscuro. Nos lo enseñó sin previo aviso mientras paseábamos junto a ella, por el barrio de Tenderloin. Este barrio céntrico y pegado al ayuntamiento, está gobernado por hileras de tiendas de campaña, aceras sin limpiar, olor a orín y algunos muertos vivientes que caminan sin rumbo fijo durante el día. A uno le hace plantearse que se está haciendo mal en California, ya que el problema viene de familia, como habréis ido leyendo en otras entradas del blog.

Ella es rebelde y subversiva y en el sur, en los barrios de Castro y Misión levanta la voz ante las injusticias. Doce años atrás nos habíamos quedado a dormir Enrique y yo por estas calles. Todavía hoy, guardan un lado oscuro, lleno de pobreza. Sin embargo, por debajo, o mejor dicho por encima, los colores visten las calles, a través de pintadas que reclaman cambios, decorando edificios, como el edificio de la mujer, en pie de guerra desde inicios de los 80 por la consecución de la igualdad. Los colores también cubren algunos callejones y dan vía libre a la libertad de expresión del pueblo llano a través de pintadas más o menos artísticas. La música y la vitalidad, se siente en español y los negocios son colonizados por el mundo latino.

Ella es progresista y lo pudimos admirar al pasar por la “Grace Cathedral”, con sus escaleras decoradas con la bandera arco iris celebrando el mes del Orgullo; anunciando mensajes de “All are welcome” o “God loves everyone”. Nos llenó de esperanza ver una iglesia centrada en el amor más allá de las fronteras moralistas que algunos se empeñan en trazar.

Ella es exótica y lo muestra orgullosa en Chinatown, donde uno se teletransporta al otro lado del mundo a través de sus olores, sus sabores, sus negocios y cómo no, del idioma. El Chinatown de New York, parece Port Aventura si la comparamos.

Ella es europea y se respira en el ambiente: en Little Italy, en los cafés estilo parisino, en el poder andar por las calles y en un estilo de vida, que recuerda al viejo mundo. A medio caballo entre el viejo y el nuevo mundo, está su transporte público más conocido: el funicular. Sí señoras y señores, no es un ferrocarril. La gran diferencia reside en cómo se mueve: no lo hace a través del movimiento generado por el vehículo, si no que es arrastrado por unos cables subterráneos que lo dirigen y lo llevan a su destino.

Ella es atractiva, se observa al recorrer por sus calles draconianas, en especial las del noroeste. Subiendo y bajando la colina como una montaña rusa. En ellas, sacan pecho las casitas típicas de madera y diferentes colores; coquetas y elegantes, desafían a las leyes de la física y se mantienen rectas ante las cuestas más empinadas. Viendo la vida pasar con la cabeza ladeada. El reflejo de sus ventanas parece lanzarte guiños mientras te susurra “Vente a vivir en mi”. Y como un tobogán, bajan las calles en un vaivén que acaba en la bahía.

Ella tiene muchas caras, y tras tres días aprendimos a amarla como es; aceptándola en su complejidad con sus luces y sombras ¿Acaso no consiste en eso el amor?



sábado, 10 de junio de 2023

Dancing with the stars (Los Ángeles-Santa Rita Hills-Hearst San Simeon State Park)

Las estrellas sobre nuestras cabezas llevaban toda la noche de fiesta hasta que abrimos los ojos junto con el sol y decidieron continuar bailando en otro lugar del mundo. El lunes amanecíamos de nuevo en el Dodge. Los Ángeles nos esperaba junto con sus atascos y venía bien ser madrugadores. Como no queríamos dedicar mucho más de lo imprescindible en L.A. empezamos por la playa. Visitamos primero el barrio de Venice, llamado así por la presencia de canales que recuerdan a la ciudad italiana. Lejos del glamour que habíamos visto en las series, se respiraba un ambiente decadente. 

A tan solo dos calles del paseo, los indigentes parecían reclamar su derecho a un techo cerca de la playa, acampando y haciendo suyo, el Parking Público. El conocido Pier de Santa Mónica parecía un lugar más acogedor, con sus atracciones y tiendas, que nos hacían interpretar en nuestra cabeza, mil películas diferentes de las que no recordamos sus títulos.

Tras la playa, perseguimos las estrellas terrestres, y nos dirigimos a Hollywood. Nuestros ojos fijaban la vista en las inumerables baldosas estrelladas del suelo e iban a la caza de los nombres de actores, actrices, directores, guionistas y demás personajes del mundo de la farándula. También nos pasamos por el Dolby Theater, sede de los Oscar año tras año. y cómo no, dedicamos un tiempo a comparar nuestras manos y pies con los famosos en el Chinese Theater, lleno de baldosas dedicadas con las huellas de los más célebres. 

Subimos al observatorio Griffith, para seguir con nuestra caza de estrellas, esta vez mirando al cielo. Desafortunadamente estaba cerrado, pero aún así, merecía la pena la visita. Es en este lugar donde James Dean se paseó en "Rebelde sin causa" entre muchas otras escenas del imaginario Holliwodiense. Las vistas de la ciudad también hablaban por sí solas, dominadas por el conocido letrero con el nombre del barrio. El mismo que unos ilumniados quisieron emular en Cullera.

El martes era un día tranquilo en el que queríamos descubrir la región de Santa Barbara County a través del vino. Empezamos por la bodega Tyler en Santa Rita Hills, una denominación dentro del condado de Santa Barbara. Nos atendió un trabajador que nos dijo que no se hacían catas al público pero que como veníamos de muy lejos, podía hacer una excepción. "Pero sólo 30 minutos que lueo tengo una visita privada". Nos contó toda la historia de la bodega y los viñedos en un entorno privilegiado. Nos dio a catar tres vinos, que estaban riquísimos, se habían pasado unos minutos de lo prometido, por lo que preguntamos el precio para no robarle más tiempo. El trabajador quitándole importancia, se negó a cobrarnos y dijo que sólo nos había regalado un momento y hecho una cata muy informal. Por este tipo de personas, bodegas y proyectos, son por los que el mundo del vino me asombra cada día. He visitado bodegas de fama internacional que están lideradas por gente humilde, apasionada y muy accesible.

También fuimos a dos bodegas más, aunque en estas sí se hacían catas oficiales. En la primera, Liquid Room, estuvimos catando al lado de un personaje de esos con vocación de estrella. En un momento acaparó toda la atención del lugar. Era gracioso y dicharachero, pero al rato cargó de incomodidad el ambiente. Cuando se fue, se llevó con él una manta invisible de pesadez en el aire y sólo se respiraba alivio y calma. Disfrutamos de la compañía de la trabajadora neozelandesa, que también estaba más relajada. Era motera y enamorada de los roadtrips, así que nos dió más de un consejo. Los vinos eran el personaje secundario, pero hacían un trabajo excepcional manteniendo toda la escena. Aunque todos los vinos estaban buenos, La Chardonnay estaba espectacular. Acabamos las catas visitando Au bon climat, la bodega que puso en el mapa a Santa Barbara County. Esta fue la más fría de las tres y quizás por ello, la que menos duró. La lluvia caprichosa, decidió que nuestro día llegaba a su fin y nos quedamos sin visitar la ciudad de Santa Barbara. Volvimos al coche, para convertirlo una vez más, en nuestra cama.

El miércoles pasamos la mañana en la carretera, haciendo un alto en el camino en San Luis Obispo y visitando la misión. Las misiones en California abarcan unos 1000 kilómtros a lo largo de la costa y suelen ser iglesias humildes de la época colonial. Si el símbolo en Santiago de Compostela son las vieiras, aquí son campanas, que recorren la carretera, anunciando el "Camino Real" conectando las 21 misiones. 

El coche todavía nos descubriría dos lugares mágicos antes de acabar el día. El primero fue el Hearst Castle. Este castillo, rompecabezas ecléctico de las diferentes épocas y estilos del viejo mundo, rezuma derroche y buen gusto a partes iguales. Para que os hagáis una idea, aquí se puede encontrar una piscina inspirada en el mundo romano, rodeada de columnas corintias. Seguimos subiendo las escaleras para tomarnos con una fuente con esculturas egipcias y un poco más allá, un edificio que recuerda a una catedral europea. Bienvenidos al Hearst Castle. 

William Randolph Hearst, era un hijo único rico, que se embarcó en su sueño de construir un castillo para la eternidad en medio de una colina. Quería que le recordara a los viajes que hacía de pequeño con sus padres (ya fallecidos) y a los días de camping. Obviamente, entendían el camping de un manera muy diferente y glamurosa que la nuestra. El caso es que la construcción de su sueño le duró unos 28 años. Julia Morgan, primera mujer en entrar en la Escuela de Bellas Artes de París, fue la encargada de materializar este sueño y de soportar los continuos cambios de idea durante la construcción, de Hearst. 


Una vez conseguido, lejos de enclaustrarse en su palacio, lo compartió con las estrellas del momento: políticos, actores, actrices,  modelos...decía que de qué servía conseguir algo si no se podía compartir con los demás. Razón no le faltaba.


Por último, compartimos un rato de nuestra vida, con los elefantes marinos. Ellos, dormían, se tiraban arena, montaban escándolo o se peleaban. Nosotros, disfrutábamos del espectáculo de estos curiosos animales y les dábamos compañía (como si a ellos les importara). Caía la noche un día más como tantos otros. El techo del Dodge, nos impedía ver de nuevo a las estrellas con su movimiento nocturno lento pero contínuo. Poco a poco nos quedamos dormidos, nuestros brazos y piernas comenzaron su baile de espasmos. Quizás para acompañar a las estrellas en su fiesta nocturna ¿Quién sabe? Algunos dicen que estás hecho de estrellas. 


martes, 6 de junio de 2023

contrASTES (Carlsbad Caverns Nation Park-San Diego-Palm Springs)

Esta entrada está llena de dicotomías. Comenzamos el día cerca de Fort Davis, en Texas, pero lo acabaremos en New Mexico. Vayamos por partes y dejemos que el lector vaya descubriendo los contrastes como easter eggs en una película.

Nos toca día de carretera. En dos días queremos llegar a San Diego, recorriendo las 900 millas. Sin embargo, el coche nos ha avisado que hay que cambiar el aceite, así que tendremos que gestionarlo por el camino. 

Primero vamos a hacer un viaje al centro de la tierra parando en las Carlsbad Caverns National Park. Estas cavernas bajan a más de 400 metros de profundidad y se pueden visitar unos 4 kilómetros, aunque quedan muchos más por descubrir. Todo un mundo subterráneo y oscuro, resguardado del calor desértico de la superficie.


La paciencia de muchos años trabajando gota a gota, había esculpido miles de formas de arte contemporáneo, que nos dejaron boquiabiertos. Volvimos a la superficie una hora después para seguir nuestro camino cegados por el sol abrasador. Después de cambiar el aceite al coche, nos dirigimos a El Paso, ciudad fronteriza entre Estados Unidos y México y última ciudad de Texas antes de pasar a Nuevo México. Avanzamos unas horas más, antes de parar a descansar nuestros cuerpos a un motel de mala muerte en medio de la carretera.

El siguiente día también fue intenso en millas y asfalto. Fuimos cambiando de paisajes como cuando pasábamos las diapositivas para ver las instantáneas del verano: desiertos de cactus, montañas, desiertos con dunas, bosques, carreteras interminablemente rectas y otras nauseabundamente serpenteantes. Y al fin, llegamos a San Diego.

Empezamos el día visitando el Balboa Park, un parque enorme, de estilo europeo, que está en el centro de la ciudad y alberga museos de todo tipo. Visitamos el museo Comic Con, que tenía una exposición interactiva sobre la animación y despertó a ese niño que todos llevamos dentro, oculto entre capas de responsabilidad adulta.

Caminamos hasta el downtown y nos quedamos de piedra al pasar por unas cuatro calles, llenas de tiendas de campaña y plásticos que daban un techo permeable, a los que ya no lo tenían. El paisaje era desolador y recordaba a escenas apocalípticas. Me sentía dentro de un capítulo de Ensayo sobre la ceguera. Unos metros más allá, todo se transformaba, desaparecían las casas de plástico y la calle se llenaba de turistas, cafés, restaurantes y tiendas. Mientras, unos seguridades pedían a tres mendigos alejarse a una manzana de distancia. No vaya a ser que los turistas vean la cruda realidad.



Seguimos caminando hasta el museo naval donde una colección de barcos y un submarino, te transportan al pasado y te hacen vivir con los ojos abiertos mil aventuras de piratas o descubrimientos en el fondo del océano.



Después de comer pescado fresco frito a un buen precio, fuimos al barrio de La Jolla para ver cómo los leones marinos nos daban envidia, echándose una siesta al sol. Esta zona era antiguamente una piscina infantil gratuita. Sin embargo un buen día, un grupo de estos animales perezosos y torpones, se alzaron en armas sin necesidad de barco y colonizaron el lugar. Ahora está protegido y parece un resort con su playa privada donde se juntan unos al lado de los otros, a ver la vida pasar.

Paseamos por la playa en un paseo interminable, admirando las casas y a algunos personajes que habitaban el lugar. La poca vergüenza de los americanos se hacía patente en algunos personajes que parecían disfrutar de ser el centro de atención y en otros que estaban tan desconectados del mundo exterior, que parecían parte de una película. Camino de vuelta, paseamos por el otro lado de la península, unas calles más allá. Con vistas a la bahía y un ambiente que parecía dominado por la quietud de sus aguas y estaba mucho más calmado. Despedimos el día pegándonos un banquete de pescado, esta vez a la plancha, en nuestro acogedor coche.

Al día siguiente dejábamos atrás San Diego para ir hacia Palm Springs. Una ciudad en medio del desierto que recordaba a la época de La tribu de los Brady, las celosías en las casas y las mujeres con diademas, cabello a la altura del cuello y las puntas hacia arriba.

Empezamos visitando los Indian Canyons, una reserva natural de la tribu Agua Caliente que comprende varios cañones, varias millas de desierto y muchas palmeras que beben de los arroyos que moldean las gargantas y desfiladero y plantan cara al sol abrasador. 

Hicimos una ruta sencilla (Murray Canyon) de unas dos horitas, que llegaba a una cascada de agua refrescante e hizo más llevadera la vuelta. 


La antítesis entre el calor sofocante del desierto, el arroyo de agua fría y las palmeras como personaje secundario, lo hacían todo muy surreal y apaciguador.

Volvimos a la ciudad para comer y mientras digeríamos, visitamos Sunnylands. La casa de invierno de una familia de filántropos, los Annenbergs, que parece que han contribuido en la sombra a la mediación entre políticos y personajes importantes, ofreciendo su casa como lugar de encuentro. Hoy en día la visita es gratis y el estilo “minimalista” en medio del desierto, recuerda a los oasis del Indian Canyons.

Para cerrar un día completo y ecléctico, subimos al Aerial Tramway. La atracción estrella de la ciudad: El telesilla rotativo más largo del mundo. Su rotación, lejos de marear, ofrecía un espectáculo con vistas de 365 grados que se complementaban con pequeños gritos de todos los pasajeros, cada vez que se pasaba por una de las torres y el estómago daba un vuelco, como cuando subes a la montaña rusa. En la estación de montaña, el desierto parecía un espejismo y la altura del Monte San Jacinto, animaba a abrigarse y disfrutar del fresquito. Es increíble como una ciudad tan árida como Palm Springs podía gozar de una atracción tan refrescante.

Recorrimos el Desert View Trail de unos 3 kilómetros de largo, que asomaba sobre los valles, ofreciendo vistas de escándalo y haciendo valer, los dólares que habíamos pagado para subir.


Esa noche, de nuevo, descansamos en nuestro coche cama, sintiéndonos afortunados por tener un techo en el que dormir.

 

jueves, 1 de junio de 2023

Meiuqèr (Austin-Big Bend-Davis Mountains State Park)

Epílogo.

El inicio de este viaje comienza en Austin, tras el primer año como profesores visitantes superado. Y empieza por el final, con varias despedidas trepidantes, al más puro estilo Jack Bahuer de la serie 24; como dirían en La terreta, a modo de terratrèmol. Todo comienza con una cuenta atrás de tres días: el día 1 (jueves), tuvimos nuestro último día de cole con los niños, lleno de momentos agridulces. Nuestra primera tutoría como maestros en Becker Elementary, llegaba a su fin. El día 2 era el último día en la escuela y teníamos que vaciar toda el aula, dejándola estéril y desnuda, a barbecho preparándola para el curso que viene. Por la tarde noche, nos tocó despedirnos de nuestros queridos compañeros españoles, que zanjaban su aventura como profesores visitantes y como buena despedida española, se alargó hasta altas horas de la noche. El tercer día, nos tocó resucitar, despegar los ojos llenos de legañas y ponernos manos a la obra con la mudanza. Era nuestro último día en el Ranch. Nos pasamos el día haciendo cajas, transportándolas al storage (un búnker blanco inmaculado, lleno de persianas cerradas, gobernadas por un silencio terrorífico que sólo era acallado por la explosión de los focos de luces que se encendían al detectar nuestro paso). Llenamos nuestro habitáculo de recuerdos y muebles, que llenarán nuestra nueva casa cuando volvamos de viaje. Ya con la mudanza hecha, somos homeless hasta dentro de un mes, así que pasamos la noche acogidos por nuestro compañero Mr. Pascual. Una vez más, alargamos la hora de cerrar los ojos y despedir el día.

 

Capítulo 1. Inicio del viaje.

Para acabar este inicio apoteósico, nos quedan unas últimas gestiones, antes de salir definitivamente de Austin sobre las 15:00 del domingo 28 de mayo.

 

Preludio

¡Qué vergüenza! Con tanto trasiego, todavía no he presentado a nuestro personaje principal: es un Dodge Journey rojo de 7 plazas, que nos ofrecieron por el mismo precio que un coche de 5 plazas. Quizás no sea el coche más pintón, pero él será el encargado de recorrer todas las millas que nos quedan por delante y también hará las veces de casa en más de una ocasión.

 

Capítulo 2. Una noche más en vela.

Poco habíamos avanzado con tantas cabos por atar antes de echarnos a la carretera, y la primera noche, fuimos a parar un motel de esos que más que ofrecer descanso, ofrecen largas horas de sobresaltos nocturnos por ruidos extraños. Y es que el motel podía haber sido fácilmente el escenario de una adaptación de Stephen King.

 

Capítulo 3. Everything’s BIG.

Nuestro segundo día en la carretera, nos llevaría hasta el Big Bend National Park. Un parque nacional que, como todo en Texas, es ENORME. Aquí se conjugan la montaña, los cañones, el río y el desierto, en un paisaje ecléctico, interminable y dominado por un cielo despejado y un sol tirano. Llegamos por la tarde y decidimos explorar la parte este. Llegamos a un mirador desde el que se observaba el Río Grande, que hace frontera con México. Era surrealista pensar que un país como Estados Unidos, tenía una frontera a priori tan accesible y apacible. Al otro lado del río, una familia disfrutaba de la brisa en la orilla. En este lado del río se vendían artesanías sin nadie presente para asegurar la honestidad del comprador.

Por la noche, el Dodge se convirtió en casa, aparcados en un camping en medio del desierto y velados por una noche estrellada.

 

Capítulo 4. Deep in the heart of Texas.

El martes, amanecimos temprano con la idea de huir del calor insoportable de mediodía y nos dirigimos al Chisos Basin Visitor Center, para iniciar desde ahí una ruta de unos 20km que rodeaba las montañas circundantes (el South Rim). El inicio de la ruta aconsejaba de cómo actuar ante el avistamiento de un oso negro o un puma. Si la cafeína no había hecho efecto, las advertencias fueron suficientes para abrir nuestras pupilas de par en par. Vimos varios animales, pero ninguno letal: conejos, ciervos, ranas, un colibrí… La ruta, muy mal señalizada, nos perdió en más de una ocasión, pero también nos regaló unas vistas del Parque espectaculares. En medio del éxtasis panorámico, aparece un hombre como Dios lo trajo al mundo, ataviado con mochila. Nuestras caras, junto con las de otra pareja que estaba por ahí, escribieron un poema que hizo eco entre las montañas. Tardamos unos 7 horas en recorrer la ruta, y este personaje estrambótico que antes nos había enseñado sus vergüenzas, se volvió a cruzar por el camino como por arte de magia, esta vez, con su mochila y un bañador. A día de hoy, seguimos dando explicación a este fenómeno paranormal.

Pasamos la tarde en un bar de Terlingua, un pueblo fantasma que ha sabido vender su marca para sobrevivir. El bar en cuestión (Starlight Theater), parecía el setting de Abierto hasta el amanecer y era el antiguo teatro. Nos alimentó y nos hidrató con unas margaritas, que no fueron suficientes, para adormilarnos y superar la calurosa segunda noche en el Dodge.

 

Prólogo. Atardeceres.

El miércoles volvió a ser un día lleno de acontecimientos vertiginosos; Nos despertamos antes que el sol, para poder hacer una última ruta, antes de abandonar el Big Bend. La ruta en cuestión, Mule Ear’s Trail recorría 4 millas de desierto adentrándose hasta un manantial, que sólo dejaba entrever su presencia de agua por estar rodeado de vegetación. Por el camino, tuvimos la suerte de cruzarnos con dos Correcaminos, unas aves rapidísimas que como imaginaréis, inspiraron al personaje de los dibujos animados. Por suerte, el Coyote, no andaba al acecho.

Tras la caminata, subimos al coche para recorrer unas 100 millas hasta Alpine y sacarnos el carnet de conducir texano, después de dos largas horas de papeleos. Por último, quemamos un poco más de gasolina para llegar hasta Davis Mountains State Park, en Fort Davis; donde descansaremos, o eso esperamos, esta noche.

Empezábamos el blog al revés, por el final, y ahora toca acabar por el inicio.

Escribo estas líneas desde un mirador, con un sol de atardecer en lo alto de la montaña. Doce años después vuelvo a recorrer USA en roadtrip, con mi otra alma gemela. Casi todo es diferente: la ciudad, el coche, mi acompañante, yo mismo. Pero hay algo que no ha cambiado; el sol, espectador imperecedero, que moja de naranja, nuestros rostros una vez más, dando inicio a un nuevo viaje persiguiendo atardeceres.

domingo, 28 de agosto de 2022

Puntos suspensivos... (Península Snaefellsnes-Reykholt-Hraunfossar-Reykjavík-Barcelona)

Los últimos cuatro días, los elementos decidieron mostrar su lado más salvaje. Empezamos el día en el cráter del Saxhóll. Un vendaval violento dificultaba la subida. Peldaño, a peldaño, el viento, entorpecía, cada paso. Levantar los pies del suelo parecía un riesgo y cada pierna que subía un escalón era desestabilizada y obligada a retomar suelo rápidamente aunque fuera con torpeza. Tanto era así, que una chica bajaba a cuatro patas bocarriba tratando de pegar todo su cuerpo a los escalones cual oruga. La sonrisa ante la imagen fue vengada a la vuelta, cuando descendía sintiendo que mi cuerpo y el suelo creaban 45 grados y me preparaban para practicar wingfly.

Por ahora solo chispeaba, y ya resguardados por la camper que nos llevaba hasta Djúpalónssandur, el tiempo nos obsequió con un arcoíris completo. Pero la ilusión de calma creada por el fenómeno óptico pronto se rompió y el parabrisas comenzó a trabajar sin descanso como Chaplin en Tiempos Modernos, hasta que dejó de dar abasto.

Una cortina de agua como la de las exageradas lluvias de las películas que caen en ráfagas intermitentes empapaba el camino de piedras que lleva a Djúpalónssandur. Las escamas negras del camino parecían custodiadas por las placas de un Estegosaurio. El escenario de Juego de Tronos continuaba hasta la playa, donde la cortina de agua impedía ver de lejos las formaciones rocosas (o troles petrificados) que costean la orilla.

La lluvia nos siguió hasta los acantilados de Arnarstapi donde las olas rompían con fuerza modelando con tesón las torres de basalto. El aguacero era tan persistente que paramos a comer para ver si se calmaba. En la puerta de los baños del bar (lugares donde se registran más verdades de las admitidas) un mensaje rezaba el "juramento islandés": I will be prepared for all weathers, all possibilities and all adventures.

Así que seguimos con los ánimos renovados. El temporal amainó y nos permitió despojarnos del chubasquero para visitar la Búðakirkja y la Ytri Tunga, un buen lugar desde donde contemplar la imperturbable pachorra de las focas. Desde esta playa es fácil ver de cerca a la foca común y a la foca gris, que descansan despanzurradas sin pudor, ajenas a la curiosidad de los presentes; interrumpiendo su duermevela exclusivamente para cotillear con desgana o recolocar su cuerpo a base de pesados y esforzados saltos.

Antes de buscar un camping cercano para cerrar el día, hicimos una visita breve a la ciudad de Borgarnes, donde retomamos la carretera de la Ring Road.

Al día siguiente visitamos en Reykholt la que se considera la fuente termal más antigua utilizada por humanos en Islandia (desde el siglo XII): la piscina de Snorri Sturluson o Snorralaug. Desgraciadamente, hoy hay que contentarse con tomar la temperatura con los dedos, ya que el baño, que permitiría sentirse un pequeño habitante de la Comarca, está prohibido.

La última parada del día era también la última cascada que visitaríamos en nuestro viaje.

La Hraunfossar desciende sobre bloques de roca volcánica regando un río gris turquesa. El mirador concede una vista panorámica en picado de las barbas de agua que nacen de la tierra para incorporarse al río Hvitá, alimentado a su vez por la menos ostentosa Barnafoss.

Hacía unos días el volcán Fagradalsfjall había comenzado a escupir lava, sumándose inevitablemente a la lista de "lugares que visitar antes de volver a España". Con el paso del tiempo, la información oficial nos iba dando alas para acercarnos: existía el sendero para ver el espectáculo con relativa seguridad y en una web iban actualizando si había o no peligro de intoxicación por gases; por lo que nos decidimos a bajar hasta Grindavík, convirtiéndola en base de operaciones. Sin embargo, la promesa de fuego quedó apagada por la lluvia y la niebla que desaconsejaban la visita al volcán, y los senderos quedaron cerrados durante los días siguientes para nuestra decepción.

El viaje llegaba a su fin, dispuesto siempre a seguir sorprendiendo... Cuando nos encontrábamos en la cola del restaurante donde comeríamos en Reykjavík, una voz preguntó a nuestras espaldas: "¿Sois los chicos que nos ayudaron en la gasolinera perdida?" Coincidíamos de nuevo con los españoles que nos encontramos buscando, como nosotros, la manera de poner gasolina; y parece que habían decidido repostar sus estómagos en el mismo lugar y coger el mismo vuelo de vuelta a casa.

Nuestra última visita, antes de pasear de nuevo por la plaza donde está la Hallgrímskirkja, fue a la escultura Sun Voyager. Sus grises metálicos y luminosos encajan a la perfección con el escenario. Este escalopéndrico barco futurista con las patas bien aferradas a tierra mira al horizonte, esperando zarpar a un nuevo destino, pendiente como los puntos suspensivos...

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"Last call for passengers..." La última carrera que nos pegábamos por el aeropuerto (esta a pie) estaba totalmente fuera de lugar. Seamos honestos. Soy consciente de que la fama que me precede manchará la veracidad del relato que sigue, pero nadie puede poner en duda la puntualidad de Violeta.

Llevábamos tres horas en el aeropuerto y Lara no nos había retrasado, pero por lo visto habían decidido tener a todos los pasajeros a bordo antes de la hora en que comenzaba el embarque según lo acordado. Así que, cuando miramos la pantalla para descubrir a qué puerta de embarque nos teníamos que dirigir, el texto que la acompañaba era ya un closing. Escuchando interrumpidamente el torpe mensaje de megafonía ("...and Enwricue...") y celebrando la ausencia de cintas transportadoras en el aeropuerto ("...please proceed urgently to gate number... ") corrimos con Lara en brazos hasta la caprichosa puerta, a tiempo de evitar el inminente y temido cierre.

Sobrevolando ya la isla, la altura fue inmisericorde negándonos las vistas del volcán, a pesar de nuestras perennes aspiraciones por encontrarlo. Quizás ya se escondía bajo las nubes o quizás se oculta tras la línea de puntos suspensivos de una futura aventura que nos acercará a la lava en otra oportunidad...

Por el momento, nos quedamos con la vuelta, con la renovada sed de viaje y el recuperado mono por seguir conociendo los recovecos de este apasionante planeta. Como canta Vetusta Morla, nos quedamos con la promesa de un continuará...

(7-8-9-10 agosto)