La suerte es caprichosa, tanto da como quita y la mayoría de veces sin previo aviso y por la espalda.
Instrucción nº1: Si se pone de tu lado, sé agradecido e invítala a un café.
Durante casi todo el viaje hemos tenido a la suerte viajando junto a nosotros en la motorhome, poniendo el clima de nuestra parte. Aunque pensándolo bien, quizás era al revés. Sea como fuere, los días de lluvia nos habían tocado en momentos en los que no estábamos a la intemperie y los días de excursión, el filtro solar estaba en modo On.
Pero como hemos dicho anteriormente, la fortuna es voluble y bipolar. Nos tenía un revés preparado al que entraremos en detalle en breve. Por ahora, disfrutemos de su compañía. Hemos llegado a Kaikoura ciudad costera conocida por su variedad de vida marina.
Empezamos el día paseando para ir a un punto de avistamiento de focas. El paisaje es muy bonito, pero mientras caminamos coincidimos los dos: “Hemos visto lugares para ver focas mejores que este”. El azar, que camina un poco rezagado sonríe. Nos cruzamos con una pareja que anuncia que continuemos caminando, que adelante hay muchísimas más focas y se las puede ver de cerca. La suerte ya nos estaba esperando allí con una sonrisa prepotente. El paisaje era espectacular, con las rocas dentadas, el verde de la vegetación colonizadora, las olas enfurecidas esperando un poco de protagonismo y las focas que descansan al sol adormiladas y perezosas, estornudando o gimiendo alzando la voz sobre el mar. Las hay de todos los tamaños, y todos los marrones; las hay que alzan una ceja a ver quién viene a molestar ahora, las que ni se inmutan y las que nos enseñan los dientes como si fuéramos su dentista.Tras la visita, nos desviamos unos 20 minutos hacia el norte para hacernos con nuestro festín: Unas langostas frescas que acompañamos con paua, un caracol gigante marino endémico.
Lo llevamos todo a nuestra parcela con vistas al mar, lo maridamos con buen vino al resguardo de la caravana e invitamos a la dicha a un café antes de pasear por la ciudad.Instrucción nº2: Si te da la espalda, intenta ignorarla y sigue caminando, llegará un momento que le molestará no tener tu atención y volverá a ti.
Estamos plantados en el pequeño aeropuerto de Kaikoura escuchando cómo un hombre nos anuncia, que nuestro tour en avioneta para ver ballenas se ha cancelado por falta de gente y por mal tiempo. Dicen que este es uno de los mejores lugares del mundo para ver ballenas y no vamos a poder hacerlo. Al principio pataleamos y nos negamos a aceptarlo. Nos repetimos que la suerte se busca y llamamos a las tres compañías restantes. Nada; o están completas o no vuelan con este tiempo ventoso. Una nueva notificación ilumina mi móvil: Nos han cancelado también una cata. Maldita sea la fortuna, ayer era todo risas y hoy nos viene con estas.
Con el regusto amargo decidimos avanzar y volvemos a Marlborough para ahogar las penas en… “Sauvignon Blanc a tu lado, mi futuro será dorado”.
Hacemos un esfuerzo sobrehumano por utilizar la táctica de ignorar a la maldita fortuna, pues el miércoles tenemos billete para la isla norte y hoy martes, todos los ferries han sido cancelados por el temporal. La cosa no pinta bien… Si perdemos el ferry, corremos el riesgo de perder también el vuelo.
Instrucción nº3: Cuando aparezca de nuevo por tu puerta, déjala entrar. No le guardes rencor, por su naturaleza azarosa.
Estamos en medio del estrecho de Cook, mareados con el vaivén exagerado de las olas. Emma agotada pone su cabecita en el hombro de Bea como diciendo “Aquí me quedo”. Mientras, papá y mamá hacen de tripas corazón para no soltar por la boca lo que pertenece al estómago. Sin embargo, aún con estas, encontramos las palabras para dar las gracias por no tener que quedarnos en la isla sur a dos días de volver a España.
Nada más bajar del ferry nos hemos tirado a la carretera. Auckland queda muy lejos y hay que acercarse como sea. Nos esperan seis horas más de conducción.
Instrucción nº4: Cuando siga sin aparecer, no te quedes quieto, laméntate un rato y luego busca soluciones para seguir tu camino. Como ves en la Instrucción nº2, cuando se le ignora, la suerte acaba volviendo a por café.
En Auckland visitamos el All Blacks’ Experience. Teníamos tickets para el principio del viaje y los perdimos, por lo que buscamos un hueco para hacerlo al final. No creo que este equipo necesite presentación. El equipo nacional de rugby de New Zealand se han ganado un huequito en la historia por su aura, sus valores y su rendimiento deportivo. Aprendimos más sobre la historia tanto de los All Blacks (el equipo masculino), como de las Black Ferns (el equipo femenino); igual de temidos en el campo. También, pusimos a prueba nuestra técnica y táctica mediante juegos interactivos. Por supuesto, también vivimos una Haka en primera persona, potenciando con efectos especiales los golpes, gritos y pateos de los jugadores. A mí se me ponían los pelos de punta y Emma, en lugar de ponerse a llorar o asustarse, empezó a mover sus manos de excitación ¡Que Dios nos pille confesados!Al acabar, nos dio el tiempo justo de comer muy a gusto, hacer alguna compra y esprintar a la motorhome de vuelta, antes de ser multados por sobrepasar el tiempo establecido de parking.
Originalmente íbamos a devolver la motorhome el mismo día del vuelo, pero decidimos no jugar con la suerte que ya sabemos que igual la pillas a buenas, que igual se levanta con el pie torcido.
Con tanto kilometro encima, la pobre motorhome había recibido “un besito” en el trasero. Por fortuna, los trabajadores quisieron pasarlo por alto, ayudándonos a enmascarar la pieza faltante, por ser honestos y reconocer injusta la situación. Y es que el lugar exacto en el que se golpeó, estaba previamente “arreglado” con cinta americana. Nos pidieron eso sí, que gastáramos en Emma la cantidad astronómica que hubiéramos tenido que abonar.
Y así damos carpetazo a una nueva aventura. Escribiendo desde el aeropuerto de Hong Kong nos preguntamos si tendremos que poner en práctica las instrucciones sugeridas, antes de llegar a Valencia; pero el final de la historia querida familia, lo acabaremos mediante lenguaje oral, quizás con un café delante para dar las gracias de paso ¿Por qué no? Hay tanto por lo que estar agradecido… La suerte nos mira de reojo y no tenemos claro si está contenta o furiosa. Qué más da, con todo lo que hemos vivido estamos preparados para sus cambios de humor si han de venir.(17 a 21 de agosto)
















































