miércoles, 29 de julio de 2026

El ciclo del agua (Rotorua-Taupo-Napier)

 -El agua se evapora creando nubes-

Una niebla misteriosa sube del interior de la tierra. Es vapor de agua, pero huele muy raro… Que nadie piense que por falta de educación me he relajado o llegado a coger demasiadas confianzas. Lo que se puede oler no es una flatulencia, es el olor característico de las zonas geotermales, que recuerda también al huevo podrido o las añoradas bombas fétidas.  

Nos encontramos en el parque geotermal de Wai-o-tapu ante Lady Knox, que recibe su ración matutina de jabón biodegradable. Es alimentada por un trabajador del parque, que ha volcado el ¨desayuno¨. Mientras, otra trabajadora nos hace una introducción del parque.  El Geyser contento por el desayuno, comienza haciendo gárgaras que danzan al ritmo de una música que parece salida de la banda sonora de Moana y suena mientras esperamos a ver el espectáculo. Un minuto después,  escupe un chorro de agua que llega hasta los 20 metros. Una lluvia invertida es expulsada desde el centro de la tierra mientras los visitantes aplaudimos. Empieza nuestro día, visitando este conocido geyser que entra en erupción de manera artificial únicamente una vez al día, siempre a las 10:15. 

Continúa nuestro viaje cerca de la ciudad de Rotorua. Esta región es conocida por su gran cantidad de geyseres y aguas geotermales, pero también por su arraigo a la cultura maorí. En Te Puia nos adentramos más en la cultura indígena de la isla, visitamos una escuela artesanal en la que trabajan con madera, piedra y huesos de ballena. Algunos de los trabajadores, dejándose llevar por la inspiración, cantan una canción maorí que suena a mantra; absortos en el arte de crear.

La visita sigue por el centro de conservación de Kiwis.  Aquí viven tres ejemplares. Por primera vez, podemos observar a esta ave endémica tan peculiar, que se alimenta usando el largo pico en busca de insectos, como si fuera un oso hormiguero. Como son aves nocturnas, el centro está a oscuras y no se puede hacer fotos. Emma empieza a protestar por la oscuridad, es hora de mover. 

El Parque también alberga entre otros, al geyser Pohutu, el más grande del hemisferio sur que se mantiene activo. Paseamos llenando nuestros pulmones de aroma sulfuroso y disfrutando de las formas y colores tan singulares que se forman en estas aperturas al averno. Amarillos chillones, piscinas de lodo burbujeantes, vaho permanente y de vez en cuando un escupitajo del centro de la tierra.

Cerramos el día sintiéndonos ewoks en el Redwoods Treewalk. En medio de un bosque de secuoyas gigantes, se alza un recorrido de 700 metros de puentes colgantes unidos alrededor de los troncos de estas prominentes coníferas. Aunque no son tan antiguas, ni tan altas como las de California, mirarlas a los ojos, produce tortícolis. Un artista neozelandés diseñó una iluminación que hace el recorrido más atractivo, aunque nosotros preferimos la luz del día para caminar entre ellas.   

-Las nubes precipitan creando lagos y ríos. 

El Lago Taupo es el más extenso del país. A él nos dirigimos dejando atrás la ciudad de Rotorua. Hicimos una parada en las Huka Falls, un salto espectacular en la ruta del Waikato River, el río más largo de Nueva Zelanda. Lo que hace tan asombrosas a estas cascadas es la potencia de los rápidos debido el efecto embudo: 220.000 litros de agua atraviesan un cañón estrecho y revienta desintegrándose y creando una espuma blanca que les da su nombre, y es que ¨Huka¨ significa espuma en maorí.  


Paseamos el resto del día alrededor del lago, disfrutando de la calma del sol de invierno y atreviéndonos a probar el ¨Hole in one challenge¨. Esta atracción local, consiste en meter una pelota de golf en una plataforma en medio del lago a 102 metros de distancia, quién lo consigue gana 10.000 dólares. Lo único que ganamos fue hacer el ridículo y reírnos un rato.

-Los ríos desembocan en el mar-

Con las primeras horas del sol, nos dirigimos al Este hasta llegar a Napier. Esta ciudad supo resurgir de sus cenizas como el ave Fénix. En 1931 un terremoto de magnitud 7.8 destrozó la ciudad causando cientos de muertos. Sin embargo, de las crisis y los desastres, surgen nuevas oportunidades y un grupo de ciudadanos tuvo la brillante idea de reconstruir la ciudad basándose en la arquitectura Art Decó de la época. 

La genialidad todavía queda patente hoy en día. Recorriendo sus calles sientes que cada paso te acerca al pasado. Los tonos pastel de los edificios parecen suavizar los colores y de pronto lo vemos todo en blanco y negro; Greta Garbo enamora en las pantallas de cine a un grupo de hombres con sombrero de ala corta y trajes con hombreras acolchadas. De los discos de vinilo que giran hipnóticamente en el gramófono, se escapan nota de Swing y dos jóvenes empiezan a bailar Lindy Hop. La calle desemboca en el Marine Parade, un paseo marítimo de 3 kilómetros con vistas al cabo Kidnappers. Al ver el azul del mar, nuestras pupilas se recuperan del encantamiento, volvemos al presente y todo recupera su color original. 

La noche del sábado, dormimos en un camping en primera línea de mar, en el que vimos atardecer con una copa en mano, que cambiamos el domingo por la taza de café calentita, para ver amanecer. Rociados por la Golden hour, bebiéndonos el presente a cada sorbo, nos preparamos para subir al pico Te Mata en la caravana. 399 metros de altura son suficientes para dominar Hawk’s Bay, regalando unas vistas espectaculares. 

Embadurnados por tantas bellezas naturales de buena mañana, decidimos reposar catando, antes de volver a Taupo. Hawk’s Bay es una región vinícola de reconocido nombre internacional y con mucha historia. Aquí se encuentran las bodegas más longevas del país que se remontan a finales de 1800. Comenzamos por Te Mata Estate, la segunda más antigua del país que cuenta con 130 años y acabamos el recorrido vinícola en Elephant Hill, mucho más moderna y joven con 20 años de historia; una piscina infinita daba a los viñedos y aunque estamos en pleno invierno, me pareció que el agua de la superficie se evaporaba lentamente, cerrando su ciclo para volver a empezar en un ciclo infinito.

 -El agua se evapora creando nubes-

(22 a 25 de julio)




sábado, 25 de julio de 2026

FantasIA (Auckland-Matamata)

¨Es un negocio peligroso, Frodo, salir por tu puerta. Pisas el Camino, y si no cuidas tus pasos, no hay forma de saber a dónde podrías ser arrastrado.¨

En este presente subyugado por la Inteligencia Artificial, ¨La Nada¨ ha ido ganando terreno al mundo de “Fantasía”. Cada vez es menos necesaria la creatividad y la imaginación está en peligro de extinción. Los habitantes de ¨Fantasía¨ necesitan desesperadamente nuestra ayuda. Eso es lo que se pretende con esta entrada en la que visitaremos cuevas estrelladas y casas de seres diminutos en el interior de las colinas. Queridos, queridas, espero que estéis preparados porque dentro de la autocaravana en la que hemos pasado la noche, ya suena el despertador.

El primer amanecer en New Zealand, nos levantamos en primera línea de playa, con una orilla incendiada por la aurora. Nos hemos adelantado un poco al sol para poder ver la final del Mundial durante el desayuno, pero este parece haberse levantado con el ruido de nuestro despertador, receloso por no ser el primero en pie. 
Si tú también viste el partido entenderás que el asiento se sintiera frío y abandonado, al vernos al borde del infarto y sin posibilidad de descansar las posaderas. Pero ya conocemos el resultado, así que no nos pongamos nerviosos y sigamos adelante. 
Tras la victoria de España, nos lanzamos a la carretera, con el mantra ¨se conduce por la izquierda¨ para evitar estamparnos en la primera rotonda o cambio de dirección. Fuimos a nuestra primera cata en la isla en la bodega de Kumeu Rivers. Allí disfrutamos de las Chardonnays y las Pinots mientras Emma gateaba por la tasting room hasta que se le acabaron las pilas y se quedó dormidita en la cama vertical que son los brazos de mamá.

La idea inicial era continuar el viaje hacia la Península de Coromandel al Noreste. Sin embargo, nos quedaban compras pendientes y el jetlag se extendía como un virus sobre nuestros cuerpos a la misma velocidad que la noche invernal cubría el cielo. Avanzar por carreteras panorámicas no tenía sentido a esas alturas y cambiamos la ruta, para poder visitar al día siguiente las conocidas Waitamo Caves. 

Recuerdo que de pequeño tenía unos juguetes que brillaban mágicamente en la oscuridad: Los Gusiluz. Quién me diría que treinta años más tarde, visitaría su hogar en las antípodas. Antes de que se haga ideas erróneas, no se confundan: Los gusanos de luz no son lo mismo que las luciérnagas; las luciérnagas vuelan, los ¨gusiluz¨ no. 

Las cuevas de Waitomo acogen a una colonia de estos mágicos insectos que utilizan la luminiscencia para atraer a sus presas y alimentarse. Ahora que sabemos de qué hablamos, encontrémonos en la puerta de la cueva, para que nos adentremos en sus profundidades. Desde la negrura somos guiados por un maorí que ameniza las explicaciones con bromas y lanza reflexiones profundas, como si quisiera ofrecernos antorchas con las que iluminar nuestras vidas. 

En las cuevas no se permiten hacer fotos por tratarse de un lugar sagrado para los maorís. Pero no se desanimen ustedes, véase como una oportunidad para generar imágenes de paisajes nunca vistos.

Nos encontramos ante una barca. No se trata de una representación onírica, ni de una atracción de Disney World. El final del tour incluye un paseo subterráneo. Subimos y lentamente la barca se adentra en las misteriosas aguas negras y ante nuestros ojos, se alza un techo estrellado. Es un cielo perenne, en el que nunca dominan las nubes; perforado por estalactitas que se ocultan en la oscuridad. Algunas maravillas de la naturaleza son difíciles de explicar sin acudir a la magia. La bóveda de la caverna estaba habitada por miles de gusanos que derrotaban las tinieblas con el azul característico de los astros. El universo estrellado que se extendía ante nosotros, se reflejaba en las aguas y parecía hacer levitar nuestra barca como si se tratara de una nave espacial. El silencio sólo fue roto por el sonido del agua meciendo la barca y los quejidos de Emma saturada por tanta oscuridad. La luz al final de la gruta, nos sacó del ensimismamiento. Meneamos las cabezas y nos sacudimos el hechizo de las sirenas gusiluz. 

La vuelta a la realidad fue momentánea, pues la siguiente parada era Hobbiton. La familia propietaria de la granja en la que se rodó El Señor de los anillos, tuvo un ojo empresarial cuando se les pidió de nuevo la granja para las películas del Hobbit y consiguieron negociar que tras el rodaje, se mantuviera el decorado. Gracias a esta decisión, hoy nos podemos adentrar en el mundo de Frodo, Bilbo y todos sus habitantes.

Un autobús atraviesa colinas verdes en las que las ovejas son las que mandan. En un giro cinematográfico, aparece el cartel de “Welcome to Hobbiton” y el mundo de Fantasía, cobra realidad. En cada colina, se enmarcan puertas y ventanas. Agujeros hobbit donde viven estos diminutos habitantes que son un 40% más pequeños que los seres humanos. Disfrutamos como ¨hobbits¨haciendo fotos a Emma apoyándose en las puertas como si fueran sus casas. Nuestro guía era un entusiasta absoluto del mundo de Tolkien: conocía cada detalle de los libros y era capaz de recitar fragmentos de diálogos; un frikazo vamos.

El momento culmen, fue poder entrar a uno de los agujeros hobbits y poder ver cómo viven y experimentar lo acogedor que resulta vivir en el interior de una colina. Llevábamos unas dos horas viviendo en Hobbiton y no estábamos preparados para volver a la realidad, pero arrastrando los pies volvimos al autobús dejando atrás ¨La Comarca¨. Recorrimos los montículos verdes donde la emperatriz seguro que es una oveja, a juzgar por la cantidad de bóvidos que nos miraban fijamente. Las ruedas del autobús dejaban atrás una nube de polvo observada por el rebaño mientras descolocaban sus mandíbulas; ignorantes de la existencia de una Inteligencia Artificial que amenazaba con quitarles el trabajo. 

¨Don’t adventures have an end? I suppose not. Someone else always has to carry on the story.¨



(20 a 21 de julio)

miércoles, 22 de julio de 2026

UPSIDE NMOꓷ (Valencia - Auckland)

“Lo siento mucho, pero me temo que no les podemos dejar volar…” soltaba la azafata con una expresión trabajada de “empatizo con tu frustración, pero no puedo hacer nada”. Nuestro primer viaje con Emma comenzaba patas arriba y todavía no había empezado. El destino se burlaba de nosotros por decidir viajar a New Zealand; literalmente las antípodas.

Nos encontramos en la zona de facturación en Valencia. Nos están poniendo problemas para embarcar porque nuestra ruta pasa por Australia y por lo visto se necesita visado, aunque estemos de tránsito. La noticia cae como un jarro de agua y nos visualizamos todo el verano en Valencia; todavía queda una hora para que cierre el check-in pero pedir el visado puede tardar hasta 4 horas. Intentamos desesperadamente pagar el visado, pero justo antes de introducir el número de la tarjeta, nos informan que han encontrado una excepción con la que podríamos volar. Con la luz verde, dan paso a sacar los billetes, pero el sistema solo perite sacar los billetes de Bea; los míos y los de Emma dan problemas. 

Las manecillas del reloj avanzan devorando segundos y la cara de la azafata, no augura un final feliz. En mi cabeza se forman ecuaciones buscando posibles soluciones al naufragio: La ruta es Valencia-Istanbul-Singapur-Melbourne. Si no podemos volar a Melbourne, no pueden denegarnos volar a Turquía, ya que el problema reside en el vuelo a Melbourne. Quizás un viaje a Turquía no sea tan mala opción: no hace falta vacunas, es bonito y es seguro. 

“¡Decidle que no toque nada! ¡Saúl no toques nada!” Bea y un trabajador salen en carrera para avisar a Saúl que desde la cabina de enfrente se ha apiadado de nuestra situación y está haciendo lo posible para que comamos perdices. 

Algo ha funcionado y ya tenemos el viaje completo de Bea y dos billetes míos y de Emma. Sólo faltan los del destino a Melbourne ya que, por alguna extraña razón, no se imprimen los billetes del vuelo intermedio. El tiempo no perdona y Turquía parece cada vez más, una solución real como parche por perder el vuelo a New Zealand. 

Por detrás nuestro, llega galopando un hombre nervioso y bañado en sudor, suplicando entrar en el avión para asistir a una boda. La facturación está oficialmente cerrada y recibe un rotundo no, (no por ello, menos adornado de empatía.) Se le une una pareja que culpa al tráfico de Valencia y a la aplicación de Turkish Airlines. La cara de pocos amigos de la azafata los hace cambiar de estrategia y de la exigencia pasan a la docilidad y el silencio. 

Al final nos entregan los billetes de Valencia a Istanbul y de Melbourne a Auckland. Los de Istanbul-Melbourne los tendremos que conseguir al aterrizar. Nos cuelan por el control de seguridad y subimos a tiempo al avión. Primera prueba superada; hemos llegado a Istanbul.

Bajamos del avión y tenemos una hora para solucionarlo todo, pero hay que pasar por control de aduanas, el control de seguridad, subir y bajar en ascensores para pasar el carrito de Emma y cambiar de terminal. Esto parece una Escape Room. 

Conseguimos hacernos con mi billete, pero no con el de Emma. Segunda prueba superada.

Nos acercamos rápidamente a la puerta de embarque y la cara de este azafato nos transmite un déjà vu que no pinta nada bien. La frontera australiana no admite el pasaporte de Emma. Todavía no sabemos por qué razón ¿Será posible que Emma sea una criminal? ¿Podría ser posible que tenga antecedentes penales y no lo sabíamos? 

Ya casi no quedan personas por embarcar y el azafato inmune a los soniditos de Emma, teclea sin parar, con la mirada fija en la pantalla, absorto e impertérrito. El tiempo se consume y no hay forma de ganarle la partida. Nos proponen que vuele uno de nosotros mientras el otro se queda con Emma y coge el siguiente vuelo, dos días después. Prueba no superada. La puerta de embarque se cierra permanentemente de manera dramática.


Volvemos a la oficina de Turkish Airlines para que nos den una solución. Por suerte, tras una hora de espera, vemos la luz. Nos cambian la ruta para ir por Dubai y volar desde allí con Emirates en un vuelo directo a Auckland. Es una lástima, pero Turquía tendrá que esperar. 

En el vuelo a Dubai tratamos de reducir la adrenalina acumulada y dormimos a cabezadas. Emirates sube claramente el listón de calidad, pero se hizo un poco cuesta arriba. 15 horas no son tantas… depende de cómo lo mires. Emma tenía clara su opinión al respecto y nos la hizo saber en más de una ocasión durante el trayecto. El tiempo de vuelo era su aliado y le facilitó que nos dejara clara su postura, sin necesidad de mediar palabras ¿Quién las quiere cuando puede pegar gritos con la potencia de una soprano?

Ya en Auckland, repartimos el tiempo restante del día, en recoger la caravana (nuestra casa errante durante el próximo mes), hacer una compra grande para abastecerla, acostumbrarnos a conducir por la izquierda y a dirigirnos al parking con la noche de decorado. A pesar de los malos augurios, habíamos conseguido llegar a Nueva Zelanda. El jetlag, las aventuras y las horas de viaje, se colgaron de nuestros párpados, obligándonos a cerrar los ojos, mientras masticábamos la cena: un vulgar sándwich que sabía a perdices.

(17 a 19 de julio)