sábado, 25 de julio de 2026

FantasIA (Auckland-Matamata)

¨Es un negocio peligroso, Frodo, salir por tu puerta. Pisas el Camino, y si no cuidas tus pasos, no hay forma de saber a dónde podrías ser arrastrado.¨

En este presente subyugado por la Inteligencia Artificial, ¨La Nada¨ ha ido ganando terreno al mundo de “Fantasía”. Cada vez es menos necesaria la creatividad y la imaginación está en peligro de extinción. Los habitantes de ¨Fantasía¨ necesitan desesperadamente nuestra ayuda. Eso es lo que se pretende con esta entrada en la que visitaremos cuevas estrelladas y casas de seres diminutos en el interior de las colinas. Queridos, queridas, espero que estéis preparados porque dentro de la autocaravana en la que hemos pasado la noche, ya suena el despertador.

El primer amanecer en New Zealand, nos levantamos en primera línea de playa, con una orilla incendiada por la aurora. Nos hemos adelantado un poco al sol para poder ver la final del Mundial durante el desayuno, pero este parece haberse levantado con el ruido de nuestro despertador, receloso por no ser el primero en pie. 
Si tú también viste el partido entenderás que el asiento se sintiera frío y abandonado, al vernos al borde del infarto y sin posibilidad de descansar las posaderas. Pero ya conocemos el resultado, así que no nos pongamos nerviosos y sigamos adelante. 
Tras la victoria de España, nos lanzamos a la carretera, con el mantra ¨se conduce por la izquierda¨ para evitar estamparnos en la primera rotonda o cambio de dirección. Fuimos a nuestra primera cata en la isla en la bodega de Kumeu Rivers. Allí disfrutamos de las Chardonnays y las Pinots mientras Emma gateaba por la tasting room hasta que se le acabaron las pilas y se quedó dormidita en la cama vertical que son los brazos de mamá.

La idea inicial era continuar el viaje hacia la Península de Coromandel al Noreste. Sin embargo, nos quedaban compras pendientes y el jetlag se extendía como un virus sobre nuestros cuerpos a la misma velocidad que la noche invernal cubría el cielo. Avanzar por carreteras panorámicas no tenía sentido a esas alturas y cambiamos la ruta, para poder visitar al día siguiente las conocidas Waitamo Caves. 

Recuerdo que de pequeño tenía unos juguetes que brillaban mágicamente en la oscuridad: Los Gusiluz. Quién me diría que treinta años más tarde, visitaría su hogar en las antípodas. Antes de que se haga ideas erróneas, no se confundan: Los gusanos de luz no son lo mismo que las luciérnagas; las luciérnagas vuelan, los ¨gusiluz¨ no. 

Las cuevas de Waitomo acogen a una colonia de estos mágicos insectos que utilizan la luminiscencia para atraer a sus presas y alimentarse. Ahora que sabemos de qué hablamos, encontrémonos en la puerta de la cueva, para que nos adentremos en sus profundidades. Desde la negrura somos guiados por un maorí que ameniza las explicaciones con bromas y lanza reflexiones profundas, como si quisiera ofrecernos antorchas con las que iluminar nuestras vidas. 

En las cuevas no se permiten hacer fotos por tratarse de un lugar sagrado para los maorís. Pero no se desanimen ustedes, véase como una oportunidad para generar imágenes de paisajes nunca vistos.

Nos encontramos ante una barca. No se trata de una representación onírica, ni de una atracción de Disney World. El final del tour incluye un paseo subterráneo. Subimos y lentamente la barca se adentra en las misteriosas aguas negras y ante nuestros ojos, se alza un techo estrellado. Es un cielo perenne, en el que nunca dominan las nubes; perforado por estalactitas que se ocultan en la oscuridad. Algunas maravillas de la naturaleza son difíciles de explicar sin acudir a la magia. La bóveda de la caverna estaba habitada por miles de gusanos que derrotaban las tinieblas con el azul característico de los astros. El universo estrellado que se extendía ante nosotros, se reflejaba en las aguas y parecía hacer levitar nuestra barca como si se tratara de una nave espacial. El silencio sólo fue roto por el sonido del agua meciendo la barca y los quejidos de Emma saturada por tanta oscuridad. La luz al final de la gruta, nos sacó del ensimismamiento. Meneamos las cabezas y nos sacudimos el hechizo de las sirenas gusiluz. 

La vuelta a la realidad fue momentánea, pues la siguiente parada era Hobbiton. La familia propietaria de la granja en la que se rodó El Señor de los anillos, tuvo un ojo empresarial cuando se les pidió de nuevo la granja para las películas del Hobbit y consiguieron negociar que tras el rodaje, se mantuviera el decorado. Gracias a esta decisión, hoy nos podemos adentrar en el mundo de Frodo, Bilbo y todos sus habitantes.

Un autobús atraviesa colinas verdes en las que las ovejas son las que mandan. En un giro cinematográfico, aparece el cartel de “Welcome to Hobbiton” y el mundo de Fantasía, cobra realidad. En cada colina, se enmarcan puertas y ventanas. Agujeros hobbit donde viven estos diminutos habitantes que son un 40% más pequeños que los seres humanos. Disfrutamos como ¨hobbits¨haciendo fotos a Emma apoyándose en las puertas como si fueran sus casas. Nuestro guía era un entusiasta absoluto del mundo de Tolkien: conocía cada detalle de los libros y era capaz de recitar fragmentos de diálogos; un frikazo vamos.

El momento culmen, fue poder entrar a uno de los agujeros hobbits y poder ver cómo viven y experimentar lo acogedor que resulta vivir en el interior de una colina. Llevábamos unas dos horas viviendo en Hobbiton y no estábamos preparados para volver a la realidad, pero arrastrando los pies volvimos al autobús dejando atrás ¨La Comarca¨. Recorrimos los montículos verdes donde la emperatriz seguro que es una oveja, a juzgar por la cantidad de bóvidos que nos miraban fijamente. Las ruedas del autobús dejaban atrás una nube de polvo observada por el rebaño mientras descolocaban sus mandíbulas; ignorantes de la existencia de una Inteligencia Artificial que amenazaba con quitarles el trabajo. 

¨Don’t adventures have an end? I suppose not. Someone else always has to carry on the story.¨



(20 a 21 de julio)

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